El aprendizaje para fortalecerse mentalmente
Mohamed se inició en el squash a los 8 años. Un tío suyo jugaba como amateur y lo llevó un día al lugar donde compartía el squash con sus amigos. Lo vio, se entusiasmó y empezó a jugar. Aprendió de la mano de esa biblia del squash que fue Gamal Awad, quien fue campeón nacional de Egipto en 1976 y se desempeñó como un gran formador de promesas. Una de ellas fue Mohamed. Awad es recordado además por haber jugado el game más largo de la historia en un partido contra el múltiple campeón del mundo, el pakistaní Jahangir Khan. Perdía 1–8, cuando se contaba a 9, se llegó a la definición en la igualdad a 9, él pidió una bola y ganó 10-9.
Esa mentalidad de Awad para sobreponerse en la dificultad supo heredársela a Mohamed. Fue su formador desde los 8 hasta los 12. Con tan solo 49 años en 2004 Gamal Awad murió y la vida deportiva de Mohamed entró en un terrible bache emocional. Fue muy fuerte para él su partida. Antes de morir habló con él por media hora y recibió sus últimos consejos.
Pero como justamente en los momentos críticos es cuando se generan las oportunidades. De Awab paso a la mano prodigiosa del inglés Jonah Barrington, hoy con 70 años. Un erudito del squash, quien como jugador ganó 6 títulos del British Open entre 1967 y 1973, cuando era considerado como el título mundial de la época. Sus escritos, sus libros, sus metodologías, sus planteamientos didácticos y la pedagogía de enseñanza son toda una fuente de sabiduría en el squash del mundo, quizá la escuela con más academia.
Allá en Inglaterra los El Shorbagy encontraron la mejor fuente de inspiración para continuar con sus planes de entrenamiento, porque se fueron los dos. Mohamed logró con Jonah canalizar la tristeza de la pérdida de su entrenador egipcio y sus desacuerdos temporales del manejo que hace 5 años se le daba al squash en su país. Entonces armó la valija y se fue a vivir a Millfield para hacer parte de la prestigiosa Academia de Squash de Barrington, quien después de ser uno de los más grandes jugadores de la historia se convirtió en un entrenador de alto nivel especialmente para jugadores juveniles.
El enorme bagaje histórico de más de tres décadas formando a los mejores juveniles del mundo de la mano de Jonah fue recibido por Mohamed y consiguió sus dos títulos mundiales.
La mayor virtud de El Shorbagy en la cancha en su fortaleza mental. Eso es lo que lo hace diferente. “Entro a la cancha y me olvido quién es o de dónde viene, quiero ganar siempre. No me interesa hacer un buen partido, me interesa ganar”, afirma categóricamente. Esa fortaleza mental la empezó a apuntalar Awad en Egipto y la acabó de pulir el maestro Barrington, generador de una verdadera táctica mental para que los jugadores juveniles logren concentrar su mente en los momentos clave, logren cambiar de actitud cuando es necesario y logren proponer siempre una actitud ganadora. “Creer firmemente en que se puede ganar, es empezar a ganar”, remata con la frescura de una convicción que sale de lo más profundo de su intimidad que lanza con esa sonrisa que le ilumina su rostro por momentos adusto y que se transforma con su sonrisa casi adolescente.